domingo, 13 de mayo de 2012

Oda a los números


ODA A LOS NÚMEROS (Pablo Neruda)
¡Qué sed 
de saber cuánto! 
¡Qué hambre 
de saber 
cuántas 
estrellas tiene el cielo! 

Nos pasamos 
la infancia 
contando piedras, plantas, 
dedos, arenas, dientes, 
la juventud contando 
pétalos, cabelleras. 
Contamos 
los colores, los años, 
las vidas y los besos, 
en el campo 
los bueyes, en el mar 
las olas. Los navíos 
se hicieron cifras que se fecundaban. 
Los números parían. 
Las ciudades 
eran miles, millones, 
el trigo centenares 
de unidades que adentro 
tenían otros números pequeños, 
más pequeños que un grano. 
El tiempo se hizo número. 
La luz fue numerada 
y por más que corrió con el sonido 
fue su velocidad un 37. 
Nos rodearon los números. 
Cerrábamos la puerta, 
de noche, fatigados, 
llegaba un 800, 
por debajo, 
hasta entrar con nosotros en la cama, 
y en el sueño 
los 4000 y los 77 
picándonos la frente 
con sus martillos o sus alicates. 
Los 5 
agregándose 
hasta entrar en el mar o en el delirio, 
hasta que el sol saluda con su cero 
y nos vamos corriendo 
a la oficina, 
al taller, 
a la fábrica, 
a comenzar de nuevo el infinito 
número 1 de cada día. 
Tuvimos, hombre, tiempo 
para que nuestra sed 
fuera saciándose, 
el ancestral deseo 
de enumerar las cosas 
y sumarlas, 
de reducirlas hasta 
hacerlas polvo, 
arenales de números. 
Fuimos 
empapelando el mundo 
con números y nombres, 
pero 
las cosas existían, 
se fugaban 
del número, 
enloquecían en sus cantidades, 
se evaporaban 
dejando 
su olor o su recuerdo 
y quedaban los números vacíos. 
Por eso, 
para ti 
quiero las cosas. 
Los números 
que se vayan a la cárcel, 
que se muevan 
en columnas cerradas 
procreando 
hasta darnos la suma 
de la totalidad de infinito. 
Para ti sólo quiero 
que aquellos 
números del camino 
te defiendan 
y que tú los defiendas. 
La cifra semanal de tu salario 
se desarrolle hasta cubrir tu pecho. 
Y del número 2 en que se enlazan 
tu cuerpo y el de la mujer amada 
salgan los ojos pares de tus hijos 
a contar otra vez 
las antiguas estrellas 
Y las innumerables 
espigas 
que llenarán la tierra transformada.


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